Algunos analistas políticos y otros profesionales de diversas disciplinas, han manifestado preocupación por la situación de nuestro Panamá
Un educador advirtió la conveniencia de modificar la ponderación del voto, como hicieron en la Universidad de Panamá. A fin de aportar al debate comparto algunas reflexiones.
Eduardo Galeano, dijo: “si las elecciones sirvieran para cambiar algo, ya las habrían prohibido”. Basta haber visto la película una vez para saber el desenlace, la trama es la misma; en campaña se critican las faltas y abusos del gobierno de turno, abundan las promesas, investigación incluida; pero independientemente de quien gane, poco después surge el desencanto y la frustración, seguidas por el rechazo generalizado, porque los favorecidos se reparten los puestos, y con ellos, las prerrogativas del poder público, terminando en una espiral de corrupción e impunidad, que traduce mayores desigualdades y deterioro de los servicios públicos; de modo que las elecciones se han convertido en un sendero trillado que no lleva a ninguna parte.
El proceso electoral solo sirve para legitimar la farsa de democracia existente; el fraude está garantizado, porque antecede a la “elección”; los votos pueden ser emitidos, registrados y escrutados, con absoluta transparencia, que una vez instalado el nuevo gobernante, tira a la basura su plan de gobierno y se dedica a cumplir la agenda del poder económico.
Los únicos que podrían creer, que a través de las elecciones sea posible generar un cambio favorable a las mayorías, son los votantes entre los 18 y los 30 años, que sufragarán por primera y segunda vez, porque el resto, aún siendo analfabetas, jamás podrían justificar el seguir creyendo los cuentos del poder económico, que controla al poder político y a la mayoría de los medios de comunicación, en donde vende lo necesario para mantener la estabilidad de la supuesta “democracia”, que les garantiza cambiar “legalmente”, cada cinco años, al instrumento.
Einstein dijo: “creer es más fácil que pensar. He ahí la razón de por qué hay más creyentes”. La mayoría de la población nos quejamos del pésimo servicio público, particularmente en materia de salud y educación; repudiamos la corrupción y la impunidad, asociadas al servicio de administración de justicia, que no solo es selectiva, sino que además favorece la delincuencia, mientras castiga a las víctimas. En tales circunstancias, es dable imaginar que la causa de tantos males dependa de las personas que acceden al poder por medio de los votos, como si la mayoría no supiéramos elegir a los buenos, porque de escoger a un arcángel, en breve prevalecerán la integridad y la justicia, mejorarían la educación, la salud y todos los servicios indispensables para una vida digna; lo cual no es así, porque la causa de los males que caracterizan a la fementida democracia existente, reside en el Sistema que las sustenta, no en los instrumentos que utiliza para servirle.
En Panamá no hay política nacional de salud ni de educación, la que sí tenemos, y está bien definida, es la política económica, el artículo 271 de la Constitución vigente, en lo medular, establece: “la Asamblea Nacional podrá eliminar o reducir las partidas de los egresos previstos en el proyecto de Presupuesto, salvo las destinadas al servicio de la deuda pública” … Cualquier estudiante de nivel medio, con solo desconectarse una hora diaria y leer, sabría que el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC) entre otras, son instrumentos del poder económico mundial, que dictan las reglas de dominio y explotación, que la mayoría de las “democracias representativas” cumplen al pie de la letra; las cuales, en nuestro país, tanto la dictadura militar, en sus 21 años de gestión, como los gobiernos civiles, en los 32 años, que llevan de mandato, han ejecutado con esmero.
Cuando la educación importaba, había doble jornada y los estudiantes permanecían siete horas diarias en los planteles, se impartían clases de Ética, Cívica, Gobierno, Historia, Geografía, Económica y Política, sobre todo, dos disciplinas fundamentales para enseñar al estudiante a analizar información y a desarrollar el pensamiento crítico, Filosofía y Lógica. De modo que, el 9 de enero de 1964 no fue casual sino resultado del nivel de consciencia existente en la juventud institutora de esa época, pero al advertir el ejército de ocupación y su amo, el riesgo cierto de ser expulsados del paraíso terrenal, donde ejercían su jurisdicción como si fueran soberanos, decidieron desmantelar la educación, proceso iniciado con la eliminación de la doble jornada, perfeccionado mediante la eliminación de Filosofía y Lógica y posteriormente degenerado con la aberrante iniciativa de demandar la inconstitucionalidad de la enseñanza obligatoria de Relaciones de Panamá con los Estados Unidos.
La verdadera democracia, que es perfectible, no puede ser producto de concesión, es imprescindible construirla con el aporte de la mayoría de sus ciudadanos, por ello no debemos seguir dejándonos llevar por los cantos de sirena de los confabulados, de la partidocracia y de la legión de beneficiarios, por el alto riesgo de aceptar sus reformas puntuales, sus monólogos para “cerrar” las brechas, que se continúan profundizando o en cualquier otro artilugio, como el 314, que felizmente fuera abortado.
A la pregunta: ¿por qué Alemania invierte tanto en educación?, la Ex canciller, Ángela Merkel, respondió: “porque la ignorancia resulta mucho más cara”. Lo racional e imperativo, ética e históricamente, es un proceso Constituyente, por su naturaleza esencialmente democrática y capacidad de conferir legitimidad al ejercicio del poder público. Basta de engaños, de manipulación mediática y de elucubraciones estériles.
Practiquemos la máxima facultad humana, que es pensar y reaccionamos de manera congruente con la magnitud, profundidad y extensión de los daños inferidos a la mayoría absoluta de la ciudadanía o continuamos por el trillado sendero que conduce a la nada…
¿Usted qué opina?
Autor: Leopoldo E. Santamaría
Profesión: Médico
