Hoy por hoy, seguimos en una ‘democracia’ que ha sido secuestrada por unos pocos, para unos pocos y en perjuicio de las grandes mayorías
La irrupción ciudadana durante el mes de julio, en el escenario nacional, ha puesto en evidencia cuánto ha permeado la corrupción en nuestra sociedad. Los órganos del Estado panameño, por su parte, han desnudado la ausencia de voluntad de modernización de parte de sus principales factores reales de poder.
Las mesas del mareo en Santiago primero y, luego, en Penonomé nos han mostrado cómo, dentro de su proceso degenerativo, el flagelo de la corrupción carcome cada día más a los más altos funcionarios, a los altos mandos de la empresa privada y permea, sin control, a todas las dirigencias de los sectores sociales (gremios, sindicatos, asociaciones), creando explosivas situaciones de exclusión e injusticia.
Una vez más, la ausencia de espacios y mecanismos de participación ciudadana, contribuye por otro lado a la nula presencia y eficacia de mecanismos de control necesarios para contener a los ‘Odebrecht locales’ y a sus encubridores dentro del engranaje, como la Contraloría y la Procuraduría.
En pleno ajetreo del populismo electoral, de un fraudulento torneo promovido por las corruptas artimañas de los tres magistrados electorales y el apadrinamiento de sus compinches de la Corte y de la Asamblea, querer empoderar a la ciudadanía para participar en el acontecer nacional en el pleno ejercicio de sus derechos, es una vez más, totalmente repudiado por la mal llamada ‘clase política’.
Una actuación preventiva de los ciudadanos a través de veedurías ciudadanas, observatorios, exigencia de rendición de cuentas, frente a la multiplicidad de casos de corrupción y de la creciente inmoralidad administrativa, no es contemplada por ninguna de las candidaturas a los distintos cargos de elección. Ello es revelador puesto que nos alerta que, el cambio para que nada cambie, también ha secuestrado a la mayoría del electorado.
Hoy por hoy, seguimos en una ‘democracia’ que ha sido secuestrada por unos pocos, para unos pocos y en perjuicio de las grandes mayorías, sometidas como están a ser solo espectadores y no actores.
La participación de los ciudadanos en diferentes espacios es urgente. Para ello, organizarnos entorno a un proceso constituyente, nos permitirá una mejor defensa del interés público y un mayor fortalecimiento de la acción ciudadana. El NO a la reelección, por ejemplo, va de la mano del no más corrupción.
Autor: Miguel Antonio Bernal V.
Catedrático – Universidad de Panamá
