Durante cinco décadas se le ha impedido al pueblo panameño estructurar, crear, modificar al Estado mediante el establecimiento de una nueva Constitución.
La constitución impuesta por la dictadura militar en 1972, reformada en cuatro ocasiones, cumplirá mañana 11 de octubre, cincuenta años, y continua rigiendo aún. Gracias a ello, somos una sociedad que, viciada por un profundo vacío institucional y alejada del mundo real del constitucionalismo moderno, vive del engaño constitucional.
Se cumplen también, cincuenta y cuatro años de lo que, en su momento, el catedrático Carlos Bolívar Pedreschi, refiriéndose a la dictadura militar llamó ‘años de quiromancia y curanderismo político’ [C.B. Pedreschi, Asamblea Constituyente y Realidad Nacional. Panamá 1980]
Tras la invasión de 1989, los nuevos gobernantes optaron por rescatar la constitución militarista impuesta del basurero de la historia, gobernar con ella y con aquellos que la habían patrocinado en su momento.
Durante cinco décadas se le ha impedido al pueblo panameño, -por diversos medios-, estructurar, crear, modificar al Estado mediante el establecimiento de una nueva Constitución a través de un verdadero proceso del ejercicio del poder constituyente.
Don Justo Arosemena mantuvo que: ‘Si algo pudiera justificar la insurrección en un país constituido y libre, sería precisamente el capricho en los legisladores de no hacer reformas necesarias, después de probados los grandes defectos de la Constitución…’
Imperan en la actualidad, en Panamá, fundamentalmente tres corrientes con relación a la cincuentenaria normativa impuesta:
- Los partidarios del status quo: aquellos que, bajo distintos pretextos, se manifiestan a favor de mantener el estatuto impuesto por la dictadura. En esa corriente se entremezclan los favorecidos y partidarios de la dictadura, con los que se sienten satisfechos con la constitución militarista reformada y, con los que por ignorancia, le temen a los cambios.
- Los paralelos gatopardistas: aquellos que desean mantener la constitución militarista, pero efectuándole ligeros y superficiales cambios, que les hagan posible un ‘fifty-fifty’ con los factores de poder gobernantes de los poderes públicos. Es la corriente del ‘cambio para que nada cambie’, V,gr: recoger firmas para que el Tribunal Electoral les convoque una asamblea paralela, que NO es constituyente.
- Los que abogamos por una Constitución totalmente nueva: o sea, soluciones reales, efectivas y positivas que beneficien a toda la sociedad con valores, principios constitucionales, a través de un proceso constituyente plenamente participativo y democrático.
No podremos salir de la gravísima crisis imperante, sin los cambios estructurales que requiere el Estado panameño. Seguir negándolos es un sin sentido, de ahí la urgencia de encontrar un mínimo común denominador, que nos lleve a buen puerto en materia constitucional y en la democratización del poder político.
Autor: Miguel Antonio Bernal
Catedrático Universidad de Panamá
